
La desconfianza en nuestras ingeniosas terapias farmacológicas y biológicas contra el cáncer se evidencia en el hecho de que seguimos extirpando órganos valiosos e importantes a las mujeres tan pronto como se descubre un tumor del tamaño de una lenteja o un guisante en sus mamas. En otras palabras, a pesar de nuestro aparente progreso excepcional en las terapias moleculares y genéticas contra el cáncer, continuamos extirpando una o ambas mamas y vaciando los ganglios linfáticos axilares en mujeres de tan solo 25 años, del mismo modo que lo hemos hecho durante los últimos 500 años (véase la imagen a continuación). ¿Qué esperanzas podemos ofrecer a una paciente con cáncer de mama localmente avanzado o metastásico?
Por otro lado, las dos razones principales por las que los pacientes con cáncer metastásico se someten a quimioterapia son vivir más tiempo y vivir mejor. Un estudio reciente con 312 pacientes con enfermedad metastásica reveló que dicho tratamiento no logra ninguno de estos objetivos. Los investigadores examinaron el efecto de la quimioterapia en la calidad de vida de los pacientes durante la última semana de vida, en función de su estado funcional, que evalúa su capacidad para realizar actividades como deambular, trabajar y cuidar de sí mismos. Descubrieron que estos pacientes tienen una calidad de vida significativamente peor durante sus últimas semanas que aquellos que no recibieron quimioterapia, según el estudio publicado en [referencia omitida]. JAMA Oncología en septiembre de 2015. Además, los pacientes con mejor funcionamiento que ingresaron al ensayo resultaron ser aquellos cuya calidad de vida en la última semana de vida fue “significativamente y de manera significativamente menor que la de aquellos que no recibieron quimioterapia” [8].
REFERENCIAS